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La Reforma Educativa de EPN: ¿Qué educación nos queda?



Publicado por: Carlos Alberto Reyes De la Cruz en

septiembre 9, 2018 791 Visitas



Por: Carlos A. Reyes.

 

A pesar de haber presentado un sexto informe de gobierno caracterizado de ser resultadista por el todavía presidente de México, Enrique Peña Nieto, los contenidos expresados no terminaron de convencer una vez más a quienes a lo extenso de seis largos años, sobrevivieron al discurso ostentoso del tan anhelado progreso social, que como de costumbre se pronuncia. El escenario de la educación, particularmente se caracterizó por estar envuelto en una tónica de discusión constante, donde sus involucrados, profesores y estudiantes -en su mayoría-, parecían ser el gran problema educativo al que el gobierno federal debía dar solución, con una serie de disposiciones que terminaron legitimadas por la dilemática Reforma Educativa a través de la imposición y represión.

 

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A un par de meses de cerrar un sexenio de incertidumbre en el escenario educativo, es momento de reflexionar en el aquí y el ahora, del estatus en que la educación mexicana, sus actores y procesos se encuentran. Después de una Reforma Educativa, que no parecía serlo, de la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes normalistas de la Escuela Normal “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, de las intensas jornadas de marchas y manifestaciones en contra del ejercicio de la evaluación docente, por parte del magisterio en todo el país, del encarcelamiento de la “maestra” Elba Esther Gordillo, de la complicidad burocrática del sobrado perfil de Juan Díaz de la Torre al frente del SNTE, de la propia SEP y del INEE, que conllevó a menospreciar la profesión docente y de un Modelo Educativo “no tan nuevo”, que se puso en marcha hace algunos semanas con el ciclo escolar 2018-2019, es necesario hacer las cuentas, de lo que se hizo y de lo que no se hizo.

 

En primer lugar, citar que ante el nombramiento de la Reforma Educativa presentada en el año 2013 por el gobierno federal, se desarrolló bajo un ambiente claroscuro, donde se sabía que había y existían intereses de orden político y económico de quienes en su momento apoyaron dicha reforma, sobre todo, del sector empresarial. En contraposición se ubicó la crítica aguda de profesores, académicos e investigadores, que daban cuenta de una nula formulación pedagógica a la reforma que pretendía “mover” los fines educativos, tal como siempre se señaló en la voz del improvisado secretario de educación pública, Aurelio Nuño Mayer, que de alguna manera, terminó por delegar las promesas y el discurso a su sucesor, Otto Granados. No obstante aunque las ideas reformistas se leían y se escuchaban tan propositivas, estas no lograron jactar el buen consentimiento de todos, en especial de los que eran pieza clave de dicha transformación y que representaban también el problema articulador: los profesores.

 

Pensar en dar solución a la problemática educativa desde el que es visto como el problema, y dimensionarlo como el agente de transformación, fue parte del juego sucio de la Reforma Educativa y de sus elaboradores, una reforma que tuvo a bien a desarrollarse en un terreno desconocido, sin tomar en cuenta las condiciones ni prácticas educativas, no solo del profesional de la docencia, sino de las muchas variables que rodean la educación mexicana: desde los espacios y tiempos escolares, el posicionamiento del profesor en el discurso, los factores gremiales, las prácticas políticas por encima de las pedagógicas y del aforismo con el que la SEP en conjunto con el INEE, daban cada vez que se reclamaba la revisión de los contenidos reformistas. No obstante, aunque el caos era bastante visible, la transición reformista seguía en la ruta del idealismo político, sin considerar la ausencia de un diagnóstico, que permitiera determinar los ejes por los cuales se debió entretejer los hilos de una Reforma Educativa.

 

Bajo este tenor, los investigadores, académicos, profesores, estudiantes y padres de familia, tienen hoy en día, un escenario permeado de dudas. Las condiciones escolares, principalmente de la educación básica, no son las que por discurso se alistaban, el estatus demeritorio del profesor socialmente y la insatisfacción del magisterio por terminar de aceptar una evaluación docente fuera del aula y desigual parecen ser las mismas de hace seis años; en cierto sentido, si algo se puede dejar claro es que hay que comenzar de nuevo, o al menos, reflexionar muchos de los puntos que figuran positivos. Ante esto, es claro que las condiciones de hoy en día para la educación suelen ser paradójicas, sin sentido ni cause hacía el bien común.

 

En un segundo momento, la idea educativa de cierre sexenal del año 2018, parece ser la misma de otros periodos, dejando más dudas y sospecha si el camino andado hace seis años debe seguir o hacer una pausa, regresar y recomenzar en un nuevo. Sin embargo, una cosa clara en este panorama oscuro, es la falta de competencia de quienes dirigen las riendas educativas de este país. Hoy en día, se está ante una incertidumbre de continuidad del “nuevo y no tan nuevo Modelo Educativo” pronunciado, un Modelo Educativo más problemático, que solucionador. De esta manera, cierra el horizonte que la Reforma Educativa de EPN se propuso en el año 2013 y que seis años no le fueron suficientes para convencer a quien en su conjunto representó ser el mayor obstáculo para la bancada tricolor: el magisterio.

 

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Por otra parte, las últimas acciones en materia educativa expresan de manera contundente que la primera reforma que debió hacerse era sobre el escenario de la política mexicana, así, como una evaluación a quienes iban a desarrollar la serie de reformas en estos seis años. Se debió encarcelar sus pensamientos, desaparecer sus pretensiones políticas y definir su idoneidad en el sentido más estricto de la toma de decisiones. Pensar y reflexionar sobre dicho planteamiento, posiblemente permita comprender que no siempre el de arriba es el mejor ni el de abajo el peor. Poner en las Escuelas Normales los Planes de formación docente días antes del inicio de labores, fue el declive del experimento llamado “mover México”, considerando que cientos de escuelas después de veinte días de clases, siguen sin profesores al frente de grupos y, de los errores que los libros de texto gratuito tuvieron a darle la bienvenida a este Nuevo Modelo Educativo.

 

¿Desde dónde comenzar? Una pregunta que es conveniente situar en la agenda pública del nuevo mandatario presidencial, mismo que tendrá que tomar las riendas de un país que decidió y apostó nuevamente por el afamado cambio. Si bien, seis años comienzan nuevamente, ante una ola de voces del sector educativo que piden ser escuchadas, de un magisterio golpeado, de altos índices de insatisfacción educativa a nivel nacional e internacional, de un decrecimiento de la ciencia y la tecnología y sobre todo, de una educación muy al estilo nacional, caracterizada de hacer la tarea de la noche a la mañana. En resumen, la educación en México está en manos equivocadas, reprobada en todos sus sentidos y sus ejecutores, en un recurso de seis años donde tendrán que tomar nota, llegar puntual a los rincones más polvosos de la nación, escuchando y dialogando a quienes en su cotidianidad, saben lo que hay que hacer. Después de un sexenio de una educación clasista, ¿Qué educación nos queda?

 

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