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De la «Educación a Distancia» a la «Educación Distante».



Publicado por: Carlos A. Reyes en

abril 21, 2020 1922 Visitas



Por. Carlos A. Reyes.

 

Ante la nueva y no tan nueva incertidumbre que hoy en día domina a la sociedad, derivado de la contingencia sanitaria global, producto de la reproducción de un virus biológico y una pandemia políticamente compartida, la educación está frente a uno de los escenarios de mayor complejidad y que poco se ha articulado en términos de política educativa: la educación a distancia. En este sentido, el debate ha sido muy particular, caracterizado muy a modo de los últimos años: decir mucho, hacer poco. Y es que la «crítica constructivista” de quienes se pronuncian como “especialistas” en el tema, vuelven a ser los voceros de lo que debería de ser y no de lo que en realidad es. De este modo, hablar de educación a distancia es hablar de uno de los utópicos y clásicos tópicos del discurso educativo, un discurso sobrevalorado respecto a la precaria realidad educativa que muchos sistemas educativos acontecen y adolecen día a día.

 

La educación a distancia: alternativa para jóvenes – UDLAP Contexto

 

Pensar en la educación a distancia, es pensar en un escenario complejo, nada sencillo de articular; es pensar no solo en escenarios constituidos por los sujetos y procesos clásicos de la denominada educación «tradicional», sino es pensar en las formas y condiciones que permitan nombrar de dicha manera la educación a distancia, es decir, en un andamiaje pedagógico que define y le pertenece propiamente al escenario de la educación a distancia, en una pedagogía, una pedagogía formativa para dicho escenario. Sin embargo, en tiempos de confinamiento, la educación más que apropiarse de la condición de distancia, la distancia se ha apropiado de la educación, en el sentir que «la educación ha sido el objeto más distante de la educación a distancia». De modo que la educación a distancia, debe ser concebida más allá de lo que en términos comunes puede nombrarse, es aludir a un escenario con sujetos, procesos, contenidos estructurados y organizados con recursos y herramientas, que tendrán que perfeccionarse a través de habilidades, destrezas y competencias definidas en el campo.

 

Aunado a lo anterior, la educación a distancia ya no es ni debe ser considerada una emergencia para los sistemas educativos en el mundo, sino una necesidad que debe estar en la estructura y organización de cada uno de estos; asimismo, ya no debe ser una alternativa para afrontar «emergencias» de cualquier índole, sino una directriz que permita el desarrollo de la educación como una idea compartida, pensando en que las grandes comunidades globales de enseñanza y aprendizaje están mediadas por un acceso de todos y para todos. Aunque es importante advertir que, no todos los sistemas educativos están determinados para poder llevar a cabo escenarios tan complejos como lo es la educación a distancia, pues, en sentido estricto, hay sistemas educativos que requieren la priorización de otras tareas, sistemas que pertenecen a países de regiones políticamente y económicamente frágiles, lo que evidencia que las brechas de desigualdad en derechos humanos, desarrollo social y cultural, son determinantes para pensar la idea educativa de cada país.

 

Así, los múltiples retos que cada sistema educativo afronta, impiden que ante un panorama de «distanciamiento», la educación a distancia no sea posible, más aún cuando el escenario de la educación no ha podido ser un escenario que se desarrolle en el marco de responsabilidad social, incluyendo y no excluyendo. Por ello, la educación a distancia tiene dos grandes retos: el primero, aquel que permita a quienes tiene el acceso al escenario de la educación a distancia, de formarse en dicho escenario, para lo cual, reitero, habrá que pensar en una pedagogía propia de formación, donde el profesor y el estudiante de la escuela tradicional, sea de la escuela tradicional, y no, de la escuela a distancia; de lo contrario, desarrollar una educación a distancia, sería lo más distante de dicho concepto educativo. No hacerlo, sería una irresponsabilidad frente a quienes no puedan hacerlo y, en ese sentido, el segundo, que aquellos quienes no están en la posibilidad de acceder al escenario de la educación a distancia, se les permita solventar y dar alternativas para resolver la desigualdad que los niega y les imposibilita ser parte.

 

Uno de cada cinco niños vive en la pobreza en países desarrollados

 

Finalmente, el contexto que hoy define, no sólo la educación desde su sentido escolar, sino muchos otros escenarios, pone en boga al intelectual, al científico social, muy en especial, al educador, que, no importando su labor y responsabilidad profesional, deberá asumir la educación como la idea cambio permanente hoy más que nunca y, que retornar a la cotidianeidad, ya no será lo mismo. Por el contrario, se tendría que estar pensando ya, en la orientación y el giro que permita configurar los renovados escenarios donde la educación tiene presencia, de modo que, se esté pensando en la escuela, el aula, el profesor, el estudiante y la clase, de una manera universal, pues ser parte de lo que se denomina como educación a distancia, no es solo contar con los mecanismos que la adviertan como tal, sino ser parte de esa realidad y hacernos responsables del éxito o fracaso que pueda representar.

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