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¿Si perdemos a un maestro?



Publicado por: Karina Alejandra Cruz Pallares en

junio 8, 2019 432 Visitas



Por: Karina Alejandra Cruz Pallares *

 

“Si la escuela pierde un alumno, lo regla a la delincuencia” denuncia del conocido pedagogo Francesco Tonucci, pero cuando lo que está en juego es un futuro maestro ¿qué sucede? ¿qué se hace? Esta reflexión parte de un punto en específico, de la experiencia vivida por los estudiantes normalistas en la inmersión a la práctica profesional, como se denomina en los planes y programas para la educación normal.

 

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La trascendencia de esta acción estriba en la serie de aprendizajes y competencias logrados sólo a través de la experiencia, complemento de la teoría, motivo de análisis y organización en las aulas normalistas. En un texto anterior, se menciona que es precisamente este espacio brindado en las escuelas de educación básica, el crisol donde se templa o destempla la vocación.

 

En el segundo y último periodo del semestre de prácticas docentes, se observan con abatimiento algunas situaciones, aunque se debe señalar con énfasis la imposibilidad de generalizar. Los niños en preescolar, primaria y secundaria son cada vez más complicados, agresivos y poco tolerantes, con frecuencia se escuchan problemáticas que antaño no se presentaban en estos niveles, hay infantes con depresión, estrés, ansiedad, reflejados en la conducta hacia el maestro.

 

Manifestaciones donde se reta al practicante normalista, cuando éste les da una instrucción, descalifican con facilidad el material elaborado o las actividades. Dichas situaciones son útiles para poner a prueba la tolerancia a la frustración y comenzar a hacer gala de las habilidades para motivar al que no quiere involucrarse en el trabajo, sin embargo también está el factor de desgaste.

 

Estas conductas ¿son consecuencia de una sociedad ocupada, descuidada de la niñez?, ¿son el reflejo de padres que trabajan todo el día para lograr un sustento digno o al menos suficiente para tratar de cubrir las necesidades básicas?, ¿o es consecuencia de que la crianza de los pequeños ha sido delegada a los medios tecnológicos?

 

En el trabajo cotidiano se refleja un menor aprecio por el profesor, los niños conocen y defienden muy bien sus derechos, aunque aún falta la asimilación de sus responsabilidades que conlleva el ejercerlos, como lo es el aprecio y respeto a quien le brinda el derecho a la educación. Aunque la proximidad generacional de la edad de los normalistas es también un factor que juega a favor, cuando se detecta a un niño más demandante de atención, en la mayoría de los casos, cuando la recibe y se siente valorado se convence del trabajo y se apega al normalista, donde encuentra un refugio temporal.

 

Situaciones que por lo general suceden ante la común ausencia del profesor titular del grupo, donde además se desconoce o se le otorga poco valor al rol formativo que tiene. También hay temas, en particular, donde la experiencia del titular y el conocimiento de cada uno de sus alumnos es indispensable y cuando no se encuentra en el aula, es un verdadero reto abordarlos. Por infortunio es, en las jornadas de práctica, cuando más comisiones se les encomiendan a los profesores contemplando precisamente que el grupo no se queda solo, sino a cargo de un joven aunque carezca de la experiencia suficiente.

 

Por otra parte también están las actitudes del padre de familia y la descalificación que hacen, ante su hijo, de los materiales o propuestas encargadas. Espacios donde lamentablemente se diluye la oportunidad para que el aspirante a maestro desarrolle estrategias para atención a la diversidad y se fomente su participación mediante el trabajo interdisciplinar con los otros profesionales de Educación Física, de Artes o de las Unidades de Servicio de Apoyo a la Escuela Regular (USAER), para aprender en los diferentes contextos, para atender problemáticas reales con asesoría de los directivos y profesores (DGESPE, 2012).

 

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Estos y otros objetivos son los que se persiguen en la práctica, para el aprendizaje de una labor docente efectiva y sensible a las realidades requeridas, tarea compleja que demanda la intervención de todos los involucrados. Lamentablemente, bajo las circunstancias descritas, los normalistas reflejan cansancio y en ocasiones desgano, porque saben las condiciones a las cuáles vuelven a las aulas, aunque constantemente ellos mismos reflexionan sobre la diferencia de un futuro donde serán la figura responsable a la que se deberá responder.

 

Los catedráticos de las escuelas normales reafirmamos esa idea y ese anhelo, con la esperanza de la revalorización del trabajo docente, soslayando los retos acumulados, por conservar a un buen maestro, para no perderlo, y que en un futuro próximo pueda enseñar con pasión y encuentre en las acciones cotidianas la dignidad de su labor, en el servicio a la comunidad y en la pasión por la carrera elegida.

 

Referencia

DGESPE (2012). Proyectos de intervención socioeducativa. Plan de estudios 2012. Licenciatura en Educación Primaria. Programa del curso. México: Autor. Documento recuperado de https://www.dgespe.sep.gob.mx/reforma_curricular/planes/lepri/pdis_lepri

 

* Profesora investigadora de Chihuahua. Pertenece al SNI. Perfil PRODEP desde 2013. Socio COMIE.

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