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La campaña de la OCDE



Publicado por: Alberto Sebastián Barragán en

junio 12, 2018 81 Visitas



Por: Alberto Sebastián.

 

El pasado mes de marzo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en México, presentó el documento Getting it Right. Prioridades estratégicas para México, en donde se hace un balance sobre los principales avances y desafíos de México. Con un talante oportunista y supranacional, el organismo nos hace el favor de diagnosticar nuestras enfermedades y prescribirnos una receta para salir de nuestros malestares.

 

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Así como el asesino que regresa al lugar del crimen, en el documento se reconoce que “la OCDE apoyó al gobierno mexicano en el diseño, promoción e instrumentación de muchas de las reformas” estructurales del sexenio de Enrique Peña Nieto.

 

Veamos el caso de la reforma educativa. En octubre de 2012, la OCDE publicó en París, la obra: Reviews of Evaluation and Assessment in Education, en donde se realizó un análisis del sistema educativo mexicano, en indicadores básicos de cobertura, calidad, procesos educativos y se puso énfasis en el marco de evaluación de la educación en nuestro país. Se describen los resultados en seis capítulos, donde se revisa la evaluación de los alumnos, evaluación de los maestros, evaluación de los centros escolares, y evaluación del sistema educativo.

 

En cada apartado se mencionan las fortalezas y se agregan algunas recomendaciones para cada rubro. Por ejemplo: “Mantener los esfuerzos para fortalecer la evaluación”, “Asegurar la implementación de la Reforma Integral de la Educación Básica”, “Desarrollar un nuevo enfoque para asignar calificaciones”, “Rediseñar y fortalecer el papel de los supervisores”, “Promover el uso formativo de la evaluaciones estandarizadas”, “Asegurar que la evaluación sea inclusiva”, “Consolidar la evaluación de los maestros”, “Examen de ingreso a la profesión”, “Evaluar por periodos de prueba para certificar la idoneidad”, “Evaluación con fines de avance profesional”, “Evaluación para el desarrollo”, “Programa de estímulos”, “Establecer un órgano independiente para regir la profesión docente”, “Crear una estructura de carrera docente con diferentes trayectorias y escalafón salarial”, “Crear un sistema completo y objetivo de la evaluación de las escuelas”, “Crear una mayor autonomía en las escuelas” e “intensificar la rendición de cuentas”, entre muchas otras sugerencias relacionadas.

 

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Después, de 2012 a 2013 el gobierno de Peña configuró el Programa Sectorial de Educación, y gran parte de las recomendaciones realizadas por la OCDE, aparecieron distribuidas en las Metas nacionales, en los Objetivos, estrategias y líneas de acción de la reforma “educativa”. Y para 2014, se publicó en México, la versión en español de las Revisiones de la OCDE sobre la Evaluación en Educación. México, con traducción a cargo del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. De primera vista, parecía que el Programa Sectorial se adelantaba a la recomendación internacional, pero ahora sabemos que fue al revés. Lo que podemos constatar es que la reforma educativa atendió las recomendaciones a medias. Aplicó las que convenía aplicar, y dejó fuera algunas otras de relevancia para escuelas y profesores.

 

Con esos antecedentes, hay que revisar el nuevo documento de la OCDE. Para responder a la pregunta ¿Cómo va la vida en México?, se ocupan once dimensiones de bienestar en una gráfica radial, donde se aprecia el promedio de los países pertenecientes al organismo, y se comparan con los resultados mexicanos. En los aspectos: Bienestar subjetivo y Compromiso cívico y gobernanza, México está en el promedio de los países del organismo. Para el caso de Empleo y remuneración, Vivienda y Salud, los indicadores de nuestro país, están por debajo del promedio internacional. Pero hay otras dimensiones que arrojan resultados muy por debajo del promedio del organismo: Ingreso y patrimonio financiero, Balance vida-trabajo, Educación y competencias, Comunidad, y Seguridad personal. En esa valoración internacional de cero a 10, la educación mexicana tiene 0.5 de calificación.

 

 

Específicamente en el Capítulo 5. Elevar la calidad y la equidad del sistema de educación y competencias, se hace una revisión de varios indicadores que no reflejan una tendencia favorable, incluso se apunta que “en general, los resultados de aprendizaje de los estudiantes son deficientes: México fue el país de la OCDE con la calificación más baja en el dominio de ciencias en la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA)”.

 

En los números y valoraciones, se puede percibir que no se atendieron todas las recomendaciones que se hicieron desde el 2012, o que se aplicaron estrategias que no generaron buenos resultados. En cuanto a aprendizajes de los alumnos, desarrollo profesional docente, organización y funcionamiento de las escuelas.

 

Se menciona la indispensable participación de los diferentes actores de las políticas educativas; se plantea la necesidad de seguir con el servicio de tutorías para docentes (cuando es una de las principales debilidades de la profesionalización); se menciona la creación de las cinco regiones educativas, pero no se explican el balance de las estrategias nacionales y regionales en materia educativa.

 

En el pase de lista de las reformas estructurales, el libro nos ofrece más datos y ejemplos de nuestra crisis económica, política, social y cultural. Pero, se nos explica la importancia de que “el próximo gobierno de México parta de la base de las reformas implantadas, las ajuste, las mejore y las complemente con una segunda ola de reformas en distintas áreas de política pública”.

 

El organismo expone los números rojos para motivarnos a seguir por el mismo proyecto económico. Nos menciona la baja credibilidad y el exceso de corrupción como insumos para generar confianza y gobernabilidad. La OCDE nos subraya las graves deficiencias educativas, para animarnos a continuar con la reforma implementada.

 

El libro Getting in Right, aparece en un momento coyuntural, en el año de la transición presidencial. La mejor propaganda que tiene es una radiografía de nuestra nación fracturada. Parece que hace campaña, pero no. Nadie sabe para quién trabaja.

 

Artículo publicado en La Jornada (19/05/2018)

http://www.jornada.unam.mx/2018/05/19/opinion/016a2pol

 

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