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El pensamiento no está en cuarentena.



Publicado por: Alfonso Torres Hernández en

abril 5, 2020 1878 Visitas



 

Por: Alfonso Torres H. *

 

La contingencia actual que ha generado el coronavirus (Covid-19), ha dejado las escuelas, instituciones y universidades vacías. Los maestros y los alumnos se han visto obligados a refugiarse en sus hogares como medida de seguridad. La relación pedagógica presencial se ha visto interrumpida para dar paso a otras formas de comunicación, particularmente a través de los medios. Este “distanciamiento social” físico, nos obliga a pensar en estrategias alternativas para que la enseñanza y el aprendizaje no decaiga. Quizá pueda ser un momento en que el pensamiento pedagógico se incremente y potencialice para favorecer la práctica y posicionamiento de los docentes.

 

Pensamiento multi

 

 

Pensar y reflexionar la práctica pedagógica que hacemos nos permite una revisión cuidadosa de lo que estamos enseñando y de cómo y porqué lo enseñamos así.  Nos permite reconocer el papel que como docentes jugamos en el sistema educativo. Pensar la relación entre el sistema social y el sistema escolar nos lleva necesariamente a dilucidar nuestro rol y posición. Desarrollar nuestro pensamiento en esa dirección es posible si nos acercamos a las ideas escritas y diálogos con otras personas, con otros maestros, con especialistas e investigadores, con teóricos de la educación.

 

Situarnos en esta lógica, es pensar en el papel de un docente que no se conforma con ser ejecutor de un currículum prescrito y transmisor de conocimientos, sino en un sujeto que desarrolla competencias profesionales y personales para comprender mejor el proceso de enseñanza y aprendizaje, es decir, un docente que investiga, creativo, crítico y consciente de su realidad, o como diría Fernando Savater (1997) un “inconforme creador”, capaz de admirarse y recrearse de la realidad (social, cultural, histórica, científica,  política, intelectual, pedagógica, etc.) que le rodea, entusiasta y dinámico, con una altísima motivación al logro y a la excelencia, y por demás capaz de replegarse sobre sí mismo para substraerse en la más sublime reflexión (Villanueva, 2006).

 

Desarrollar nuestro pensamiento, nos da claridad y una visión lógica de la realidad. Nos permite poner en orden esa misma realidad. Pensar en la relación pedagógica con nuestros estudiantes, favorece nuestra comprensión sobre sus lógicas de aprendizaje, sobre la realidad de su entorno y sobre cómo el conocimiento escolar se articula con el contexto social. Trascender nuestro pensamiento simplificador en el ámbito educativo es un imperativo, dejar de pensar y considerar al conocimiento como algo acabado, también lo es. La realidad social se construye y deconstruye, al igual que los procesos educativos.

 

Entonces es posible avanzar hacia un pensamiento multidimensional. En palabras de Lipman “el pensamiento multidimensional es un desafío, ya que es un pensamiento que aporta incertidumbre, ambigüedad y oscuridad, pero también orden, claridad y distinción. En el pensamiento multidimensional se halla también el pensamiento que no multiplica innecesariamente los entes. Lo que no encontraremos en el pensamiento multidimensional es vulgaridad, reduccionismos, mutilaciones, ni nada que se presente como el reflejo verdadero de la realidad. El pensamiento multidimensional no promete la omnisciencia, lo que hace es no disgregar, no aislar. El pensamiento multidimensional no promete la totalidad, y, menos aún, el conocimiento de la totalidad. Por el contrario, anuncia la imposibilidad de conocer todo, porque su propia multidimensionalidad no lo permite. Incompletud e incertidumbre son dos aspectos del pensamiento multidimensional. Por un lado, entonces, el pensamiento multidimensional no se resigna a la parcelación del saber, a los compartimentos estancos de lo estudiado, a las fronteras pretendidamente exactas, al aislamiento del objeto de estudio. Por el otro, complementariamente y en tensión, reconoce que todo conocimiento es incompleto, inacabado.” (Lipman, 1997).

 

El mundo de la educación es una constante lucha intelectual, en cada texto, en cada palabra, es la búsqueda del sentido del papel de la escuela, de nosotros como docentes, del conocimiento. Pensar estos debates, es pensar en nuestra posición política ante el conocimiento pedagógico, y dejar de pensarlo, es algo que los docentes no podemos permitirlo. Pensar el fenómeno educativo, y particularmente nuestra práctica, es un imperativo, aún en cuarentena.

 

*  Director de la UPN, Hidalgo.

 

torresama@yahoo.com.mx

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