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Entre el ideal digital y el aula real



Publicado por: Regina Santiago en

abril 20, 2026 109 Visitas



 

Por: Regina Santiago*

 

La integración de las tecnologías de la información y la comunicación en la educación se ha convertido en una necesidad cada vez más presente dentro de las propuestas educativas actuales. Como docente en formación, he comprendido que el uso de recursos digitales puede enriquecer el aprendizaje, despertar el interés de los niños y ampliar las posibilidades de enseñanza dentro del aula; sin embargo, al incorporarme a las prácticas docentes descubrí que llevar estas propuestas a la realidad del preescolar no siempre resulta tan sencillo como aparece en los planes y programas.

 

Durante mi estancia en las aulas pude observar que el uso de herramientas tecnológicas enfrenta múltiples obstáculos que pocas veces se consideran cuando se plantean estrategias educativas desde el ámbito teórico. Aunque se promueve la incorporación de recursos digitales como parte de la innovación pedagógica, no todos los contextos escolares cuentan con las condiciones necesarias para hacerlo posible. En diversas ocasiones, actividades que requerían apoyo tecnológico tuvieron que modificarse debido a la insuficiencia de dispositivos, la limitada conectividad a internet o incluso la carencia de recursos materiales dentro del propio plantel. Incluso cuando la escuela disponía de ciertos recursos, estos resultaban insuficientes para atender a la totalidad del grupo o presentaban fallas técnicas que imposibilitaban su uso constante.

 

A esto se suma que numerosos niños se desarrollan en contextos donde el acceso a la tecnología es restringido. Muchas familias enfrentan jornadas laborales extensas, por lo que los niños permanecen al cuidado de abuelos u otros familiares que, pese a su disposición para apoyar, no siempre cuentan con los conocimientos ni los recursos necesarios para acompañar actividades que requieren dispositivos electrónicos. Como advierte la UNESCO (2021), “la brecha digital continúa siendo uno de los principales retos para garantizar una educación equitativa”, especialmente en contextos socialmente vulnerables. Esta realidad evidencia que el proceso educativo no depende exclusivamente de la institución escolar, sino también de las condiciones sociales, económicas y culturales que configuran el entorno cotidiano de cada estudiante.

 

Esta realidad me llevó a reflexionar que la incorporación de las TIC en el aula no depende únicamente de la disposición o preparación del docente, sino también de factores estructurales que inciden directamente en las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes. La infraestructura escolar, la inversión pública en equipamiento y la formación continua del profesorado son condiciones previas e indispensables para que cualquier propuesta de innovación tecnológica sea viable y sostenible en el tiempo.

 

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Por ello comprendí que innovar en educación no necesariamente implica recurrir de manera obligatoria a la tecnología, sino desarrollar la capacidad de adecuar las estrategias pedagógicas a las condiciones reales del contexto escolar. En este sentido, Félix Berumen (2019) señala que “su incorporación a la educación va más allá de la integración de dispositivos electrónicos y recursos tecnológicos al aula de clases”, pues implica transformaciones profundas en las prácticas docentes y en la concepción de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Comprender esto me ayudó a replantear mi rol como futura educadora: no como gestora de pantallas y aplicaciones, sino como mediadora que toma decisiones pedagógicas fundamentadas en el conocimiento de su grupo, su comunidad y su contexto.

 

A partir de estas experiencias, he reconocido la relevancia de buscar alternativas pedagógicas que permitan integrar recursos digitales sin desatender las condiciones reales de las familias y de la propia institución escolar. En múltiples ocasiones, estrategias fundamentadas en materiales concretos, dinámicas colaborativas y propuestas lúdicas logran aprendizajes más significativos que la implementación forzada de herramientas digitales que no todos los estudiantes pueden aprovechar en igualdad de circunstancias. El juego, la exploración sensorial y la interacción entre pares siguen siendo, en el nivel preescolar, los motores fundamentales del desarrollo cognitivo y socioemocional, independientemente del soporte tecnológico disponible.

 

Estas vivencias durante mi formación docente me han permitido comprender que el verdadero desafío no radica únicamente en incorporar tecnología al aula, sino en garantizar que su uso sea pertinente, accesible y equitativo para todos los estudiantes. Reconocer las limitaciones del contexto no implica renunciar a la innovación, sino construir propuestas educativas sensibles a las realidades que atraviesan la vida cotidiana de los niños. La reflexión crítica sobre la propia práctica es, en este sentido, una herramienta tan valiosa como cualquier recurso digital. Mi propósito profesional es mantener esa actitud reflexiva que me permita adaptar mi práctica educativa para que ningún recurso didáctico se convierta en un factor de exclusión, sino en una oportunidad que favorezca la participación y el aprendizaje de todos en condiciones de mayor equidad.

 

 

 

 

Referencias:

Berumen, F. (2019). Tecnología y educación: retos y transformaciones en la práctica docente. Editorial Académica.

UNESCO. (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación. UNESCO.

 

*Docente en formación de la Escuela Normal de Cuautitlán Izcalli.

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