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Juramento Normalista desde los anteojos de la NEM.
Publicado por: Dulce María Castillo Pedraza en
agosto 15, 2025 872 Visitas
Por: Dulce Castillo *
Al evocar las palabras del Juramento Normalista, no puedo evitar sentir cómo resuenan, con más fuerza que nunca, en mi práctica diaria como docente de educación básica. Años de experiencia me han enseñado que este compromiso no es una declaración simbólica, sino una guía ética que se entreteje con los principios de la transformación educativa que hoy impulsa la Nueva Escuela Mexicana.
El juramento, con su tono poético y casi profético, nos sitúa ante un tiempo convulso, pero también lleno de esperanza. En él, la figura del niño se presenta como “el milagro maravilloso del mundo”, y es precisamente esa centralidad de la niñez lo que se articula con la visión humanista y social propuesta por la NEM, que reconoce al estudiante como sujeto de derechos, con una voz activa dentro del proceso educativo.
Como señala Latapí Sarre (2002), “la educación es un proceso que debe formar integralmente a la persona en lo cognitivo, afectivo, ético y social”. Este principio está implícito en el juramento cuando se convoca al maestro a unir ciencia, arte y deporte, a despertar la risa, el juego, el conocimiento y la amistad. En cada palabra se refleja el enfoque integral y emancipador que la NEM propone para una educación transformadora.
Hoy, la escuela ya no puede ser un espacio de reproducción pasiva del conocimiento, sino un lugar donde se aprenda a vivir dignamente, a convivir con respeto y a construir una sociedad justa. Así lo plantea Tonucci (2015) al decir que “la escuela debe ser pensada desde los niños, y no desde los adultos que la dirigen”, lo que también nos remite a la responsabilidad ética que asumimos al jurar “no desistir en nuestros más nobles propósitos de la sublime tarea de enseñar”.
La Nueva Escuela Mexicana retoma estos ideales y los traduce en una propuesta educativa con rostro humano: una educación que reconoce la diversidad, la interculturalidad, la equidad de género y la justicia social como ejes rectores. En ese sentido, el llamado del juramento a “abrir la brecha que culmine en la justicia y la igualdad” no solo es vigente, sino esencial.
Ser maestro, desde la visión del Juramento Normalista, nos invita a un trabajo con arduo compromiso, resistencia y esperanza. Pero, sobre todo, implica sostener la llama de la verdad en medio de la incertidumbre, ser promotor del pensamiento crítico y ser guía en un mundo que cambia vertiginosamente. Como afirma Freire (1997), “la educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Y es justamente en esa transformación donde reside el sentido más profundo del juramento.

Revivir este texto, con la experiencia acumulada, me permite comprender que ser docente no es solo transmitir saberes, sino formar ciudadanos libres, solidarios y conscientes. Ser docente, como dice el juramento, es “mantenerse joven defendiendo los ideales”, es formar desde el amor, la convicción y la esperanza.
En este tiempo de cambio profundo en el sistema educativo mexicano, el Juramento Normalista y los principios de la NEM se entrelazan como una misma causa: dignificar la labor docente y construir una escuela pública que sea verdaderamente transformadora, incluyente y liberadora.
Referencias
Freire, P. (1997). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
Latapí Sarre, P. (2002). La calidad de la educación básica en México. Fondo de Cultura Económica.
Tonucci, F. (2015). Con ojos de niño. Editorial Graó.
Secretaría de Educación Pública. (2022). Marco curricular y plan de estudios 2022 de la educación básica mexicana. Gobierno de México.
Secretaría de Educación Pública. (2023). Filosofía de la Nueva Escuela Mexicana. Dirección General de Desarrollo Curricular.
* Docente de la Escuela Normal de Cuautitlán Izcalli
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