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Prometimos no olvidar. Una novela de almas, memoria y trascendencia.
Publicado por: Otras Voces en
julio 26, 2025 593 Visitas
Por: Germán Iván Martínez Gómez y Jorge Edmundo Nava Flores
En tiempos donde la literatura contemporánea lucha por abrirse paso entre las prisas digitales y la superficialidad de los contenidos inmediatos, Prometimos no olvidar. Amándote más allá del mar (Editorial LATRAME, 2023), de Jesse San Román Bustamante, emerge como una obra profundamente honesta, emotiva y espiritualmente provocadora. Lejos de limitarse a una narrativa sentimental, esta novela se inserta en una tradición de escritura que explora la dimensión trascendental del amor, la memoria, los sueños y los vínculos transgeneracionales, entretejiendo con delicadeza lo místico con lo cotidiano.
A través de la historia de Julieta, una joven soñadora que experimenta visiones, conexiones inexplicables con el pasado y una búsqueda persistente de un amor que parece existir más allá del tiempo y el espacio, San Román nos sumerge en un relato que desborda las convenciones de la novela romántica. Lo que podría parecer una historia de amor se transforma, capítulo tras capítulo, en una exploración de las raíces, la identidad, la memoria familiar y la espiritualidad.
El punto de partida es profundamente humano: la pérdida, en este caso, de la madre, y la necesidad de mantener vivos sus recuerdos. Desde ahí, la autora nos conduce por un camino simbólico en el que la memoria se convierte en una forma de resistencia ante el olvido y la muerte. “Existen amores que ni la misma muerte puede marcarles un final”, leemos en el primer capítulo, y esta sentencia se convierte en brújula para la travesía que sigue.

San Román Bustamante logra una estructura narrativa envolvente, segmentada en 47 episodios que pueden leerse en secuencia o de manera intercalada, lo cual abre la posibilidad de una lectura no lineal, más cercana a la experiencia del recuerdo o del sueño que a la lógica del tiempo cronológico. Este diseño narrativo dialoga con la propuesta estética de la autora: no hay una única forma de recordar, de amar o de reconstruir el pasado.
Uno de los aciertos de la novela es el manejo sutil pero constante de elementos líricos. Su prosa, cuidada y sin artificios, se caracteriza por imágenes cargadas de simbolismo: cartas no enviadas, habitaciones vacías, caleidoscopios de cristal, vírgenes marinas, plazuelas de otros tiempos. Estos elementos funcionan como anclas poéticas que nos vinculan emocionalmente con los personajes y sus búsquedas. La inclusión de una playlist y de anexos ilustrativos complementa la experiencia del lector, convirtiéndola en una lectura sensorial y casi inmersiva.
El viaje de Julieta no es sólo físico, sino también espiritual y genealógico. La revelación de su conexión con María Bustamante, mujer fuerte y sabia de hace dos siglos, permite a la autora abordar con profundidad temas como la reencarnación, los sueños lúcidos, la intuición femenina, el linaje ancestral y la herencia emocional. Más que respuestas, el texto ofrece preguntas fundamentales: ¿Hasta qué punto nuestras vidas están determinadas por historias pasadas? ¿Qué lugar ocupa el amor en la construcción de nuestro destino? ¿Y si los sueños fueran la memoria de otras vidas?
San Román ancla su narrativa en una sensibilidad profundamente humana. La figura del “chico de la plazuela”, los encuentros con María, las referencias a figuras religiosas y tradiciones mexicanas como la veneración a los muertos, enriquecen una visión del mundo donde lo racional convive con lo simbólico, y lo tangible con lo eterno. En este punto, la autora dialoga indirectamente con ciertas corrientes de pensamiento pedagógico que valoran la dimensión espiritual del ser humano como motor de aprendizaje y transformación.
Cabe destacar también el trabajo de documentación que sustenta la obra. La autora no se limita a la evocación poética: hay una labor minuciosa de exploración geográfica, histórica y cultural detrás de los escenarios de la novela, como Cantabria, la Catedral de Burgos, la Ermita de la Virgen del Mar, y las antiguas villas españolas. Esta investigación, articulada de forma natural con la ficción, contribuye a la verosimilitud del relato y brinda al lector una oportunidad única de conocer (y sentir) aquellos lugares como si los habitara.
Desde el punto de vista estilístico, la novela privilegia una voz narrativa íntima, confesional, que convierte a quien lee en un testigo silencioso de los secretos más profundos de Julieta. Esto genera una complicidad que es difícil de encontrar en obras contemporáneas del mismo corte. El lenguaje está cargado de emociones genuinas y se agradece la ausencia de artificios innecesarios.
La crítica más evidente, si es que cabe una, es que la novela exige del lector una disposición emocional particular. No es un libro para quienes buscan evasión fácil o entretenimiento rápido. Requiere sensibilidad, paciencia y apertura a lo intangible. En este sentido, se alinea más con la literatura de introspección y espiritualidad que con el realismo convencional.
Prometimos no olvidar. Amándote más allá del mar es una novela, pero un acto de amor, memoria y sanación. Jesse San Román Bustamante ha escrito una obra que invita a mirar hacia adentro, a dialogar con nuestros ancestros, a reconocer el poder de los sueños y la persistencia del amor en todas sus formas. En tiempos donde el olvido parece norma, esta novela nos recuerda —con intensidad y belleza— que algunas historias simplemente necesitan ser contadas, porque sólo así es posible trascender, comprender y, sobre todo, sanar.
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