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Burnout docente
Publicado por: Dulce María Castillo Pedraza en
marzo 27, 2025 753 Visitas
Por: Dulce María Castillo Pedraza. *
No es sorprendente que cada vez más integrantes del gremio docente padezcan de desgaste profesional o burnout, de hecho, parece ser la epidemia de quienes se dedican a la noble tarea de educar hoy en día. Como lo describen Rodríguez et. al. (2017), entendemos al burnout como una respuesta al estrés laboral, reconociendo al magisterio como una labor propensa a desarrollar este fenómeno, ya que implica realizar diversas actividades dentro y fuera del aula, que van desde relacionarse con compañeros y alumnos, hasta elaborar planeaciones curriculares, evaluaciones y participar en actividades de organización, mas la saturación administrativa y la solución de problemas con alumnos, con padres y madres de familia e, incluso, problemas con otros maestros.
Y es que, pareciera que las condiciones debilitan incluso a aquel con la más firme vocación. A momentos, la presión por cumplir con objetivos altamente ambiciosos, jornadas laborales que parecen interminables, el poco reconocimiento social a la profesión, e incluso un salario que no refleja en muchas ocasiones la gran labor realizada, oprimen a quienes son el corazón del sistema educativo. Es entonces, que esta enfermedad profesional se manifiesta a través de los altos niveles de ausentismo, falta de interés y compromiso, incluso baja autoestima, todos, problemas que alejan al profesor de su labor primordial. El entusiasmo y la energía transformadora parecen quedar de lado y aparece el estrés y la desmotivación, elementos que roban la vocación de aquellos que un día soñaron con hacer la diferencia.

Conocer de fondo este fenómeno es crucial, pues permitirá identificar la manera en que incide éste en el desempeño docente y, por ende, en su impacto para el logro de la calidad educativa. Además, será clave para fomentar una idea saludable de vida docente, caracterizada por un compromiso dentro del aula, pero además, por una vida personal dedicada a un descanso y recreación fuera de esta. Hoy sabemos que el estrés laboral se ve además, como fatiga física y mental; que a su vez, provocan sentimiento de impotencia, fracaso y culpabilidad en el docente. Y que dichos elementos, podrían ser tratados desde una visión, incluso, preventiva.
Pues bien, valdría la pena preguntarse el verdadero sentido de las nuevas propuestas metodológicas y curriculares, si aquellos destinados a su aplicación no se encuentran en condiciones óptimas para ejecutarlas. Hoy más que nunca, necesitamos reconocer cómo construir estrategias funcionales que prioricen, no solo desde un espacio teórico, la importancia del bienestar docente. No se trata únicamente de cubrir espacios de capacitación de un día al mes en jornadas de excesivo trabajo que, en vez de lograr el objetivo de promover herramientas de autocuidado, implican una visión muy somera de aquello que verdaderamente importa: cuidar de quienes son la base del sistema educativo.
Si bien, la docencia es una labor que requiere vocación, será imprescindible lograr alimentar ésta dentro de la labor profesional, logrando así que cada educador viva con pasión su actuar en el aula.
REFERENCIA
Rodríguez, J., Guevara, A. y Viramontes E. (2017). Síndrome de burnout en docentes. IE Revista de investigación educativa. REDIECH versión On-line ISSN 2448-8550. [https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-85502017000100045]
* Docente de la Escuela Normal de Cuautitlán Izcalli, Estado de México.
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