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Ley General de Educación Superior.



Publicado por: Hugo Aboites en

diciembre 8, 2019 1393 Visitas



Por: Hugo Aboites.

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A diferencia de la propuesta de hace años atribuida a la Anuies, la que ahora circula ampliamente como Ley General de Educación Superior (LGES) no plantea el otorgamiento de subsidios públicos a las instituciones privadas. Este es un ejemplo de la toma de distancia que esta nueva propuesta hace respecto de las primeras y más burdas iniciativas con que al inicio se planteaba la reforma educativa privatizadora neoliberal en la educación superior. Por otro lado, hace referencia a demandas muy antiguas de los movimientos estudiantiles como la gratuidad y el derecho al libre acceso a un nivel educativo que hoy sigue siendo uno de los más bajos en cobertura de América Latina.

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Universitarios y desempleo

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A pesar de eso y del avasallador mandato popular por una transformación de fondo, la actual propuesta de LGES se queda corta y no se define claramente por construir un país fincado en el conocimiento superior a partir de las necesidades de acceso y conocimiento de una nación fincada en regiones muy diversas, de hombres y mujeres incluso en situaciones de pobreza extremas, inseguridad, falta de empleo y de esperanza. A continuación se desglosan cuatro ejemplos concretos.

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1. El derecho sólo a lo posible.

En lugar de optar por señalar que el derecho a la educación significa la eliminación de mecanismos de selección discriminatorios (AMLO dixit) y la implantación de procedimientos equitativos (preferencia a las y los más olvidados) o por lo menos de igual oportunidad a todos, como ya antes se mencionaba, el artículo 6 de la nueva propuesta lo define como el derecho a tener la posibilidad de recibir educación. Pese a los buenos deseos del artículo 7, esa posibilidad se vuelve muy remota si al mismo tiempo y más allá de un escaso fideicomiso, no se incluye en la ley el compromiso con el aumento sustancial y creciente de la capacidad del sistema. Y, peor aún, cuando deja en manos de las instituciones, generalmente escasas de fondos, la ampliación del sistema: las instituciones de educación superior establecerán los requisitos de admisión y para la permanencia y titulación ( Ibidem). Con esto, poco o nada cambiará en las actuales políticas de acceso y podrán incluso hacerse más estrictos los requisitos de promedios para ingresar y para permanecer en la institución y titularse.

 

2. Apuesta por la excelencia y evaluación.

En el pasado sexenio la calidad (ahora excelencia) y su práctica evaluatoria sirvieron para descartar aspirantes al ingreso, marginar a las instituciones y escuelas y estudiantes con mayor necesidad e incluso funcionaron para mantener reducidos los ingresos de profesores universitarios y despedir maestros, pero nunca se vio que desataran un dinamismo de mejoría generalizada del sistema. Sin embargo, en la LGES se instala como objetivo la mejora continua y la excelencia académica (artículo 19, VI) y se anuncia que la SEP establecerá el Sistema Nacional de Evaluación de la Educación Superior en el que se regularán los mecanismos, instrumentos e instancias (¿como el Ceneval?) para la evaluación que contribuyan al cumplimiento del capítulo II de la presente ley (artículo 51) (la evaluación proceso participativo para la mejora continua de la educación, artículo 13, VIII).

 

3. Participación selectiva en la conducción.

La planeación y desarrollo de la educación superior estará a cargo de una coordinación que privilegia el control de las autoridades educativas federal, de los estados, de la Ciudad de México y municipales, aunque añade con la participación activa de las autoridades y comunidades académicas, (artículo 37). Pero, además, se crearán instancias (Consejos) a escala nacional y local donde si bien se abre una amplia participación de estudiantes y profesores, pero también se incorpora al sector empresarial (sectores productivosvinculación) y sus organizaciones afines (artículos 39-45). Esto último limita a una clase social la interlocución universidad-sociedad, y en poco o nada favorece el diálogo con los saberes y necesidades de los pueblos de México y sus regiones. Así, la sociedad tenderá a ser definida como la modernidad nacional y trasnacional con abrumador poder político y económico, excluyente de las grandes mayorías. Una competencia desigual y cargada desde el inicio.

 

4. Lo que no aparece.

La LGES no contiene la propuesta de construcción de una nueva universidad en la que además del México completo estén las demandas de los estudiantes por ambientes seguros y libres de acoso, que los reconozcan, que ofrezcan apoyos como comedores y servicios de transporte, la inclusión de jóvenes marginados, madres solteras, pueblos originarios. Acceso libre, a personas y demandas amplias de conocimiento, participación en la conducción nacional, local e institucional de la educación, independencia de gobiernos y empresas, y autonomía para todas las instituciones; lo que sería el comienzo de una profunda transformación.

 

*UAM-Xochimilco.

 

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