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Publicado por: Redacción en

febrero 1, 2016 1403 Visitas



Comienza el 2016, y las expectativas de la reforma educativa siguen desdoblando incertidumbre, inconsistencias e inconformidades. El cambio de secretario de educación no refleja muchos cambios sustanciales, sólo se percibe una retórica marcada, y un discurso menos golpeador, y con ánimo de buscar consenso para la aplicación de la segunda mitad de las modificaciones en el ámbito educativo.

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Desde los pasillos de la SEP, se ha decretado al 2016, como “año clave para la transformación educativa”. Pareciera que emergen propósitos renovados con el secretario Aurelio Nuño, pero más bien se están saldando las cuentas pendientes que se contrajeron al inicio del sexenio. Recordemos que el Programa Sectorial de Educación 2013-2018, impulsado por Emilio Chuayffet desde el 2013, prescribe seis objetivos que no se han percibido como logrados.

 

Objetivo 1: Asegurar la calidad de los aprendizajes en la educación básica y la formación integral de todos los grupos de la población.

Objetivo 2: Fortalecer la calidad y pertinencia de la educación media superior, superior y formación para el trabajo, a fin de que contribuyan al desarrollo de México.

Objetivo 3: Asegurar mayor cobertura, inclusión y equidad educativa entre todos los grupos de la población para la construcción de una sociedad más justa.

Objetivo 4: Fortalecer la práctica de actividades físicas y deportivas como un componente de la educación integral.

Objetivo 5: Promover y difundir el arte y la cultura como recursos formativos privilegiados para impulsar la educación integral.

Objetivo 6: Impulsar la educación científica y tecnológica como elemento indispensable para la transformación de México en una sociedad del conocimiento. (DOF, 13/12/2013)

 

Las estrategias y líneas de acción, supuestamente se “coordinan” con el Plan Nacional de Desarrollo del sexenio en turno. Sin embargo, los objetivos del Programa Sectorial apuntan en un sentido, y los hechos y prioridades de la política educativa han marchado en otra dirección.

 

La adecuación del marco normativo para la implementación las acciones trascendentales en la educación ha durado medio sexenio, y ahora estamos llegando a la segunda mitad del gobierno de Peña Nieto, y no se perciben transformaciones en beneficio de la calidad educativa.

 

En este año se darán a conocer los primeros resultados de la evaluación docente, lo que implica una serie de acciones para premiar a los mejores resultados, fortalecer las debilidades que se identifiquen en algunos profesores y las demás medidas que se tomen en el “marco” de la Ley General del Servicio Profesional Docente, para el caso de los profesores que no se hayan presentado a la evaluación docente en los últimos meses del 2015.

 

La aplicación de la reforma diseñada por Emilio Chuayffet y su equipo de colaboradores, no representará grandes retos para el secretario Aurelio Nuño, porque las líneas ya están establecidas desde el Programa Sectorial de Educación de 2013, y sólo falta convertir en realidad la tan ambicionada calidad educativa. Seguiremos la pista de este 2016 designado como “año clave”.

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